Obviamente no fue mi mañana y probablemente tampoco la tuya, que fue lo que detonó la pesadez?, no lo tengo bien claro, quizá la primera frase que te dije al conocernos, la que talvez escuchaste desde el balcón, donde habita el desgano y la rapidez de genio. Quizás tu obtuso horizonte, donde suele pararse uno, cuando anda recién en los veintitantos, o la arrogancia de saberte poseedora de un servicio que yo necesitaba. Pueden ser todas juntas, no tiene mayor importancia la causa, lo que realmente fue verdadero, fue trascendente, fue el darme cuenta, que te ensañabas en causarme un daño físico, tirando de mi cabello, lo mas fuerte que tus fuerzas te lo permitían, ese tirón no me dolió, sin embargo, las lágrimas rodaron mejillas abajo, cual suspiros acongojados, venidos directos del alma, fue un dolor de alma!, un dolor de humanidad, de especie, como el que sentí aquella vez, en ese semáforo, que de rojo pasó a verde, mientras yo pensaba hacia donde debía dirigirme y la sensación de perdida, me impidió salir a la velocidad de la luz, atraso, que quedo estampado en mi tímpano, junto con el bocinazo del taxista que pegadito a mi se encontraba, entonces él, corrió a ponerse delante de mi, moviendo su auto a solo 20 Kmts/hora, esa sensación, de que alguien, a quien ni siquiera conocemos, siente deseos rotundos de dañarnos, esa sensación, me parte el alma, me la pone en pedacitos.
De que está hecha el alma?, que tan solo, con salpicones de maldad, puede sentir sus trizaduras, no es un terrible flagelo tamaña fragilidad?
Será verdad entonces, que su esencia, no es para este mundo, que este paso por acá, no es mas que la penitencia, necesaria, para regresar a su dimensión etérea, para siempre, donde los impulsos primarios para el recién llegado, para el desconocido, solo son de amor, de acogida, de ternura y fraternidad.













