Porque mata instantáneamente, todas nuestra posibilidades de ser con aquella persona, a la que amamos y con la cual, ya nunca podremos compartir, una palabra, una caricia, una alegría, HA MUERTO nuestro futuro con el/ella…Ha muerto y nada es mas radical que la muerte, no somos conscientes de la danza de la vida, en la que fluyen nuestras energías, formando un espiral de perpetuo ir y venir, con todos nuestros amores, nuestras acciones, emociones, pensamientos y sentimientos, hasta que la muerte, introduce su cuña lacerante, mas férrea que el acero, deteniendo en un instante este baile maravilloso, que salta por los aires junto con nosotros, dejándonos flotar en una sensación de no estar, de no ser ni aquí ,ni allá y todo transcurre entonces, como en un sueño, una pesadilla, la gente, los pésames, las flores, los canticos, las oraciones, el sepelio, todo parece estar ocurriendo alrededor de nosotros, no en nosotros, en nosotros solo hay vacio, un vacio enorme, que va bordando su interior con nuestra pena, una pena insondable -ningún vacio tiene fin- por ese hoyo negro, se nos fue nuestro ser querido y por mas que corramos ya no le daremos alcance.
Sin embargo, la vida sigue y el espiral fluyente de energías de quienes nos rodean, termina por derribar aquella cuña infame, que nos laceró el alma, y logra rescatarnos, con dificultad, con esfuerzo, de las garras del insondable y todo vuelve a ser como antes?..Nada volverá a ser como antes, el diseño ha sido rasgado, un trozo se ha perdido y habrá que redibujar, adaptar las piezas a la nueva realidad, una realidad, de la que deberíamos tener tanta conciencia, por su naturalidad, por su certidumbre, desde el día en que nacemos, desde el comienzo de nuestra existencia, nuestro inconsciente lo sabe, conoce esa fecha de termino, pero nuestros pensamientos, en su soberbia, al saberse dibujantes de nuestros mundos, nos lo ha querido ocultar, disfrazándolo con ropajes prestados por la mayoría de las culturas y religiones, que nos han enseñado a rechazar el tema, a no querer ni remotamente enfrentar, la caducidad con la que vinimos al mundo, única certeza de nuestra existencia.
Si viviéramos conscientes de ella – la muerte- no para atormentarnos, ni amargarnos, si no para disfrutar con mas intensidad cada momento que estamos vivos, conociendo el secreto, de que no es la vida lo que importa, si no la existencia y que por lo tanto mientras existamos en esta vida tan frágil e ilusoria, debemos aprovecharla, aprovecharla para AMAR, para sentir el aire, el sol, los colores, la música!, la piel de los seres amados, escuchar sus palabras, sus sueños, los nuestros, para transmitir alegría, si viviéramos conscientes de ella, la muerte no nos mataría













